Como la JCI impulsó mi transformación

Soy una mujer a la que le daba pánico pararse al frente a hablar, sintiendo que no sabía, que no era capaz. Hoy puedo decir que sí se puede, que todos podemos, y voy a contarles cómo.

La JCI llegó a mi vida a los 22 años, con la inseguridad que me caracterizaba, ese no era el lugar para mí. Como iba yo, que no tenía nada que ofrecer encajar en un lugar con tanto formalismo y personas preparadas. La deje pasar, seguí siendo la misma – “yo soy así”, acomodada en lo conocido, lo desconocido se veía aterrador.

A mis 25 años de alguna manera ya algo había cambiado y estaba lista para “dejar de ser yo”, todavía cargando mis dudas y miedos comencé la aventura. Resultó que no era horrible, que sí había espacio para mí y de hecho yo estaba aportando bastante. Encontré amigos, aprendí una variedad de cosas, descubrí lo apasionante y adictiva que puede ser la JCI. En el primer año le puse el alma, tenía mi primera asignación, era la secretaria general.

Terminado ese año era como si ya lo hubiera logrado todo, nuevamente llegó el sentimiento de no tener nada más que ofrecer, “ya lo había dado todo”. Estuve ahí visible, o invisible durante varios años, asistiendo, acompañando, pasándola bien; porque yo no iba a hacer lo mismo que esos locos que se meten a cargos directivos, ¡nah! Eso no era para mí, es demasiado complicado. ¿Por qué alguien querría hacer eso?

Los años pasaron y con ellos también muchos cambios en mí. Cambios que me llevaron a sentir que tenía que “incomodarme” de nuevo, tengo que dar ¡un paso más!. Resultó ser que la JCI nuevamente me necesitaba, yo podía aportar algo. En realidad siempre había tenido algo que aportar, pero no lo sabía. Fui y me lancé al reto más grande para mí en JCI hasta el momento, ser presidente local. No tenía idea de que iba pasar, lo único que tenía claro era que de seguro en un año no sería la misma y la sola idea me emocionaba.

En mi experiencia como presidente local, lo que más destaco fueron esos momentos en los que debía dar discursos, hablar frente a 40, 60, 100 personas. No era sólo el hecho de pararse allá, era ¡¿qué voy a decir?!. Cada vez me fui sintiendo más cómoda. Sé que todavía me falta, pero el salto que di durante la presidencia no lo hubiera podido lograr de otra manera. Fue retándome a mí misma que llegué a este punto.

Nuevamente ahora estoy en una posición no tan activa dentro de la organización, tal vez más adelante vuelva a llegar ese impulso de cambio en mí, pero tal vez ya se haya vencido mí tiempo en JCI. Ahora que se siente un poco más cerca el final de esta aventura pienso que pude haberla aprovechado más.

No es gracias a la JCI que he cambiado, ha sido gracias a esos momentos de determinación que de repente me han llegado. Pero la JCI ha sido la herramienta que me ha impulsado el cambio, sin ella no sería lo mismo. La JCI está ahí, esperando al que descubra que puede aportar algo, al que tenga ese impulso de cambiar. Tal vez este no sea el momento para algunos de ustedes, pero cuando llegue el momento no lo duden, con la JCI ¡pueden lograrlo todo! .

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