Sueño con un colegio que..

A finales del año pasado, a nosotros, “los padres homeschoolers” se nos ocurrió ir a conocer un colegio de “educación alternativa”: sin calificaciones, con agrupación por edades y no por grados, con aprendizaje por proyectos; sonaba interesante. Animados por los buenos comentarios sobre el colegio, llegamos allá. Con lo que no contábamos era que Nico se iba a emocionar tanto con la idea de hacer parte de un colegio.

Ese experimento (como lo llamo yo) accidentalmente nos hizo ver que nunca habíamos considerado darle la oportunidad a Nico de que probara un colegio. Me parece que esa es una lección que valió la pena. Tuvimos un tiempo de prueba y adaptación (para nosotros por que Nico no lo necesitó) y estábamos listos para dar el paso.

La primera semana de febrero comenzamos y a pesar de que no estaba para nada en nuestros planes, nos ajustamos a preparar lonchera, salir de la casa temprano, y en general a toda la nueva rutina. Nico amaba el descanso, lo demás realmente no le importaba mucho.

Desde el primer día de clases éste año supimos que un colegio (al menos como los de nuestra ciudad) no va con nuestra filosofía de vida. Nosotros no nos sentimos obligados a escolarizar como otros padres. No lo vemos como una necesidad por la que debamos sacrificar el desarrollo emocional/mental de Nico.

Así que luego de tener un percance por semana se me agotó la paciencia con el colegio y a la cuarta semana lo retiramos. En teoría (sólo en teoría) el colegio está bien, pero en la práctica, el personal que lo compone y sobre todo los directivos no son lo que esperábamos lastimosamente.

La verdad extrañaré esas horas de calma que alcanzamos a disfrutar en las mañanas. Me entra la nostalgia y de tanto en tanto como el discurso de Martin Luther King Jr. “Yo tengo un sueño”. Yo sueño que un día la educación mejore, que sea pensada para los niños, que los niños y los padres seamos tenidos en cuenta.

Como si estuviera haciendo mi carta para Santa, realicé esta lista que se basa en mis observaciones de varios colegios de la ciudad, no solo en nuestra experiencia con aquel colegio de “educación alternativa”.

Sueño con un colegio 

  • En que su personal sea consciente de estudios como Adverse Childhood Experiences (ACEs) donde se revela la incidencia de las experiencias traumáticas de la infancia en la salud física y mental de los adultos. En general que tengan el conocimiento de las consecuencias de no manejar las posibles situaciones que se presentan a diario con los estudiantes, que tengan la habilidad para tratar cada uno como un proyecto que va a sacar adelante.
  • Donde los estudiantes no sean una cifra mensual de ingresos, o si van a ser cifras, al menos que los padres seamos esos clientes que deben ser escuchados con el fin de mejorar y tener más clientes como todo negocio espera.
  • Donde los niños no sean etiquetados con una cifra de 1 a 5 ó 1 a 10, ó peor con un “aceptable”, “Excelente”, y la más cruel: “insuficiente”.
  • Donde los niños tengan la libertad de dirigir su aprendizaje realmente, donde los docentes sean sólo guías en el proceso, sean coaches para la vida de esos niños.
  • Donde los niños no sean estandarizados en cómo aprender y hasta cómo vestir.
  • Donde un niño o niña no se tenga que quedar después de clase para hacer una plana que no terminó dentro de la jornada, por que ni siquiera le interesa hacerla.
  • Que tenga grupos de máximo 5 estudiantes y no deban estar encerrados en un salón.
  • Donde los niños puedan ser niños, jugar todo el tiempo, aprender jugando, no sentados frente a un cuaderno.

Pero para eso se requiere un cambio de mentalidad radical en la sociedad. Parar de validar el comportamiento de los colegios diciendo que “así es que se aprende, con los golpes de la vida”. Dejar de pensar que el mejor colegio es el que más tareas deja, o el que más regaña, o el que mejor calificación obtiene. Por último, pero no menos importante, aprender a valorar esta educación de calidad (calidad de verdad), una educación así necesariamente requiere un mayor presupuesto.

Los niños no necesitan inglés, francés, y todas esas áreas con que se van engordando los curriculums de los colegios hoy en día. Lo que los niños requieren son adultos respetuosos, “adultos preparados” como proponía María Montessori, y de eso si que estamos escasos en esta sociedad moderna. Con adultos conscientes y mentalmente sanos no estaríamos hablando de “Cátedra para la paz”, porque la paz va a estar en cada uno.

Cierro este experimento profundamente decepcionada del sistema educativo, con la esperanza de que algún día llegue la revolución humana (No hablo de Petro 😂 😉 ) y transforme nuestra sociedad. Mientras tanto volveremos a ser “los padres homeschoolers”

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